Hacía tiempo que no escribía, prácticamente desde el mes de marzo, donde a estas horas estaría acostado por tener que trabajar al día siguiente. Mucho a pasado desde entonces, lo más significativo fue que tuve que dejar atrás mi época en Vigo, casi tres meses, un suspiro de vida, pero que allí, parecieron más. Al final me adapte, mi vuelta de vacaciones fue menos traumática de lo esperado. Pero como ocurre siempre, cuando le vas cogiendo el truco al lugar, te tienes que marchar.
Un adiós inesperado y sorprendente, de la noche a la mañana, la empresa decidió cerrar y allá fui con mis trastos de vuelta a casa, 1000 kilómetros, casi na.
He pasado de trabajar diez horas al día, a no hacer nada. Se nota, mucho tiempo libre, muy aburrido, hasta el punto que he llegado a exar de menos estar allí, las relaciones de trabajo, las bromas con mis compañeros y sobre todo esa cervecita de después del trabajo.
Para vivir no, pero parar pasar un tiempo, Vigo merece la pena, y yo prometo volver.
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